Tú me cambiaste la vida

lunes, 20 de mayo de 2013


Faltan pocos días para que Leonardo cumpla sus once años, y hace unos días me animó a escribir en el blog, diciendo que tiene la página grabada en sus favoritos, y que le gusta lo que escribo en él. Así que me pareció un buen regalo de cumpleaños escribir acerca de una conversación que tuvimos hace un mes, cuando me preguntó acerca de si ¿alguna vez me he arrepentido de tener un hijo tan joven?

Dicen que para todo hay un momento, y que Dios es sabio para enviarnos pruebas que nos convierten en personas más fuertes, para demostrar de qué estamos hechos y cuáles son nuestras capacidades.

 A mis veintitrés años me enteré que estaba embarazada, y aunque la noticia en un principio me impresionó, lo primero que me vino a la mente fue si estaba lista para ser mamá. ¿Acaso existe una edad perfecta para ser madre? Y es que hay muchos factores que podemos tomar en cuenta: la biología, la madurez, la economía, etc. Y aunque no tenía la respuesta correcta, asumí lo que me estaba sucediendo como una bendición; como la oportunidad de encontrar mi razón de vivir.

Ahora, a pocos meses de cumplir mis treinta y cinco años, por fin tengo la solución a esa interrogante. Y es que después de más de una década de haber tenido el privilegio de ser la mamá de Leonardo, no me imagino haber vivido mi vida sin ti.  

Ese amor, que nació en el instante de sentirte, de escucharte, de tenerte entre mis brazos, hizo que el momento fuera perfecto. Todos los sentimientos que nacen junto con la responsabilidad, nos hacen lo suficientemente sabias, si sabemos escuchar nuestro corazón, si deseamos con el alma ser una buena madre, en vez de una madre buena. 

Y si bien la juventud va de la mano con la inexperiencia, también me dio el impulso para poder aprender contigo, para disfrutar de correr tras de ti, de contagiarme de tu inagotable energía, de recordarme lo hermoso que es descubrir el mundo por primera vez.

Recuerdo que varias personas me dijeron que era una locura, que se iban a frustrar muchos de mis sueños, que no iba a tener tiempo, que iba a tener que renunciar a muchas cosas, pero no ha sido así, al contrario, ser tu mamá me ha hecho vivir la mayor fantasía a la que podía aspirar.

Los años han pasado y ahora que has crecido hay tiempo para poder hacer mis cosas, acompañado de más sabiduría para disfrutar mejor lo que me regala la vida. Puedo continuar con mis proyectos con la felicidad de tenerte a mi lado. Y mis miedos están vencidos por el valor y la fuerza que me da tu amor.

Efectivamente, tú me cambiaste la vida, y gracias a ti me convertí en una mejor persona, en una mujer más sabia y valiente. Más atenta a los detalles, con ojos y oídos en la espalda para cuidar mejor de ti, sin miedo a luchar por lo que quiero; pero lo más importante con un corazón agradecido y generoso que está lleno de amor, del amor que todos los días me regalas.

No hay día en que no agradezca a Dios de haberme dado la oportunidad de ser tu mamá, de bendecirme con un bello hijo que se está convirtiendo en un gran joven. Así que nunca dudes de mi decisión de ser tu madre, porque ha sido la que mayor felicidad me ha traído.

Dicen que no existen palabras para poder expresar cuan felices podemos ser, por eso te dejo esta canción para que siempre recuerdes cuánto te amo...

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